De esas 48 horas, alrededor de 40 se van en aviones, traslados, tiempos de espera. Es lo que pueden conllevar dos horas de música frente a una audiencia. Para cuando el presentador nos anuncia, las luces se encienden y los primeros acordes suenan, el cúmulo de agotamiento es mucho; pero la adrenalina y las ganas de complacer nos hacen olvidarlo todo, y disfrutar el momento es lo que nos lleva.
Las imágenes de este video, que resumen el viaje de ida y la prueba de sonido en la Casa de la Cultura de Quito, son temblorosas (hago el intento de encuadrar una cámara de aficionado mientras narro lo que ven); y quizás algunos quieran ver más de Guillermo en ellas; pero es que incluso yo mismo no lo veo tanto a veces. Ha habido ocasiones en que no nos vemos hasta que el concierto comienza y él hace su entrada (¡cómo secuestran las entrevistas!), para luego ni siquiera despedirnos tampoco porque sale del escenario corriendo para subirse a una camioneta, escapar entre fans que lo persiguen e ir a otro destino.
Espero que lo disfruten y sacie su curiosidad por ver qué suele pasar antes y después de un concierto. Dentro de muy poco, publico la segunda parte de esta vivencia; y los invito a ver fotos de éste y muchos otros conciertos en mi página de Facebook. Gracias siempre por estar ahí y a la cálida gente de Ecuador que siempre nos recibe con brazos abiertos.
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